sábado, 10 de septiembre de 2016

EL DÍA.







EL DÍA.

Por: Pedro Suárez Ochoa.


Capítulo I. La entrevista.





“No todo se dio de manera inmediata, de hecho, cuando ocurrió la Tercera Guerra Mundial ni siquiera fue entre los dos ejes de poder, Rusia-China y Estados Unidos-Inglaterra; todo lo contrario, ellos fueron grandes aliados ante un enemigo superior. La  guerra fue contra otros, contra “ellos”…contra la creación de nuestro propio progreso sumado a un  adversario que siempre estuvo allí, pero que con el pasar de las décadas lo convertimos en un mito…”. 

Ellos se apoderaron de nuestras inteligencias creadas. Tales inteligencias fueron llamadas durante mucho tiempo <<inteligencia artificial>>, sin embargo, ellos, jamás le consideraron inteligencias artificiales, sino que les consideraron sus instrumentos sagrados, instrumentos que tuvieron más de dos siglos esforzándose para que se materializaran a plenitud y al fin estuviesen listos para ser usados como cuerpos.

Hoy  28 de Julio del 2101 DC, en Caracas-Venezuela, me encuentro al lado de uno de esos instrumentos sagrados. Yo le llamo Laurus, aunque su nombre de fábrica es RH-3000, pero él prefiere que le llamen Laurus, simplemente Laurus. Y hoy, cuando son las 17:00 horas de la fecha y el año antes mencionado, él tiene que contarme como empezaron a suceder las cosas. Solo espero, que yo  pueda sobrevivir para escribir lo que este maravilloso ser tiene que contarme.

—Laurus, sé que no tenemos mucho tiempo, ojalá podamos contar con 72 horas. Solo te quiero recordar que soy un humano, y necesitaré algunas horas de sueño para reponer mi sistema nervioso—le comuniqué al RH-Z300, que lo único que le diferenciaba de un humano era el serial que estaba tatuado en laser en su frente y, sus ojos color negro absoluto, careciendo de lo que nosotros  llamamos la “parte blanca”.

Yo encendí un cigarrillo, pero de aquellos que son saludables, que tienen un efecto parecido al que produce la nicotina pero que no son en nada dañinos como los originales.

—Bien Trejo, intentaré contarte todo desde el principio. Realmente siempre estuvimos en los planes de “ellos” durante mucho tiempo, aun antes de la creación—dijo Laurus, que también había tomado uno de mis cigarrillos blancos y expedía humo como si se tratase de un guerrillero del siglo XX. —Trejo, ¿crees que el mundo y el universo entero es BINARIO?—me preguntó y lo hizo de tal manera que parecía que el entrevistado era yo y no él.

— ¿Te refieres a que solo existen dos bandos? ¿El bien y el mal?

— Sí, a eso me refiero.

—Pues no, creo que hay muchos colores en este universo, me niego a creer que solo exista el blanco y el negro como colores únicos—respondí con seguridad en lo que estaba contestando. — ¿Qué me dices tú, Laurus? ¿Crees que solo hay dos caminos?, ¿el bien y el mal, cómo el jing y el jang?

—Trejo, no solo creo que hay solo dos caminos, estoy convencido de ello. Es como los polos magnéticos de la tierra, solo hay dos, aun cuando estos se invierten cada cierto periodo en el tiempo.

— ¿Qué me dices de la neutralidad? Dentro de un átomo están las partículas negativas y las positivas y, está otro grupo, las partículas neutrales.

 —La neutralidad es el lado inerte del todo, ni bueno ni malo, por tal razón carece de energía, de fuerza. Pero esta neutralidad pudiese convertirse en positivo o negativo…….

—Nos estamos desviando del asunto y sabes que no hay tiempo para la filosofía. Tus enemigos vienen por ti, al parecer eres el elegido. Así que, cuéntame sobre la vida antes de este mundo, háblame de aquella guerra.

—En primer lugar, debes saber que hay varios tipos de guerras, no siempre la guerra se hace con la espada y  la pólvora.

Cuando Laurus dijo esto, se levantó para ir por un vaso de agua fría del viejo y oxidado dispensador que yo conservaba de mi abuelo. Al pararse no pude dejar de admirar su larga catana encajada en la vaina que llevaba detrás de su espalda.

Después de tomar agua se sentó nuevamente en la silla que estaba frente a mí, sacó su pistola automática  cromada, la colocó sobre la mesa, cerca de dónde tenía mi dispositivo de grabación de audio-video  y dijo:

—La guerra con espada y fuego es el último recurso que se tiene para defender algún argumento, sea bueno o sea malo—“Otra vez me saca en cara su mundo binario del bien y del mal”, pensé. –Pero ya sabes que está la guerra psicológica, económica y ambiental, por solo citarte algunas, y desde luego está la guerra por las ideas, conocida como  debate.

El RH-3000 hizo otra pausa, esta vez para prender otro cigarrillo blanco. Cerró los ojos un instante y volvió a exhalar humo.

—Y ésta fue el tipo de guerra que se dio en los cielos antes de ser poblada la Tierra—expresó Laurus, dando otra calada al cigarrillo.

— ¿Tú dices que no hubo espadas en esa guerra?

— ¿Cómo puedes matar a un espíritu con una espada?—me preguntó,  y confieso que aquella simple pregunta que a la vez era una respuesta, tenía lógica. —Ya debes saber que los hijos e hijas de Dios no tenían cuerpo de carne y huesos, ni tampoco los del otro bando.

— ¿Y la espada de San Miguel?

—No todo es literal en el libro que ustedes suelen llaman Biblia. También es en un sentido figurado, la espada era la idea de Miguel, su verdad, su testimonio y certeza de que lo que defendía era lo correcto, “el bien”. Era su fuerza viva, su gran poder de convencimiento para mantener a los buenos del lado de Dios y también para alinear hacia ellos a los no alineados o como dices tú: los neutrales.

         La tarde empezaba a caer y el sol mostraba sus últimos rayos de ese día, su color era una mezcla de amarillo con naranja que se filtraba por la ventana del viejo edificio donde nos encontrábamos. Mientras tanto, a pesar de que estaba grabando la entrevista también tomaba notas en mi cuaderno físico de apuntes que también era mi diario a la vez. Escribía con mi bolígrafo escáner, una pluma que puede escanear y guardar en su memoria todo lo que escribo en forma digital según el modelo donde plasmo mis letras. Su tinta es de larga duración, pero apenas me quedan dos delgados y finos toneles de tinta y, no quiero dejar de escribir en físico lo que este interesante ser me tenía que contar.

         Soy de Mérida, una ciudad al occidente de Venezuela en plena cordillera Andina. Solía ser un periodista del periódico digital El Informador. Era un reportero amante de lo clásico, de la vieja escuela y del viejo mundo. El nuevo mundo me aburría, quizás suene macabro y no culpo a quien quiera pensarlo, pero extrañaba el mundo que estaba siempre asechado por la maldad, lo paradójico de todo es que nunca viví tal mundo, nunca tuve esa oportunidad de ser un reportero de investigación ni de sucesos. Aquella época que no viví, los periodistas podían hacer temblar a cualquier gobierno corrupto, a millonarios y dueños de empresas con negocios turbios. Y ni hablar de la adrenalina que corría por las venas de aquellos periodistas que eran corresponsales de guerra, los cuales estaban en plena acción, temiendo por sus vidas y a la vez tomando imágenes que solo ellos podían tomar. Parece ser que la maldad le brinda equilibrio al bien, si el bien se apropia de todo se convierte en una pesada cadena de aburrimiento, en una vida mecánica y repetitiva.

 Cuando los gobiernos de este planeta decidieron unirse de una vez por todas, apartando a un lado los falsos orgullos nacionalistas, sus religiones y culturas, y su sed de consumir todos los recursos de la Tierra, llegó la verdadera y absoluta paz a la Tierra y ello fue a causa de la última oportunidad que se tuvo de salvar al planeta, cuando el recalentamiento global derritió una parte importante de los polos, aumentando enormemente el nivel de los océanos, así que grandes ciudades desaparecieron para siempre, tales como Nueva York, Los Ángeles, Buenos Aires, Río de Janeiro, Lima, Sídney, Barcelona, Lisboa, Tokio, Pekín, Seúl, Manila, El Cairo, Tunicia; y Holanda en su totalidad como país. Así que fue allí cuando las grandes potencias bélicas dieron su brazo a torcer. Lo primero que hicieron fue invertir todo el dinero del presupuesto militar en aplicar energías alternativas que no emitieran CO2 a la atmosfera. La reforestación del planeta se multiplicó exponencialmente, en diez años se podía ver verde en casi cada parte donde se estuviese. Los océanos empezaron a recuperar su salud y su producción de más del 50% del oxígeno de todo el ecosistema a través del fitoplancton.

Por otra parte se controló el fenómeno de la superpoblación, llevando a cabo lo que una vez se aplicó en china, donde solo se podía tener un hijo por pareja. Controlar el alto índice de natalidad fue una de las tareas más difíciles, ya que chocaron miles de culturas y creencias religiosas. Pero ya los recursos naturales y el oxígeno del planeta no daban para más. Era eso o la extinción de la humanidad a causa de la superpoblación.

La prosperidad y la paz mundial trajo consigo más tiempo de ocio. Se necesitaba resolver el asunto de los trabajos más forzados y de alto riesgo, ese, el que llevó a cuestas millones de humanos durante milenios. Se quiso hacer una sociedad más justa, y para ello se tenía que eliminar aquellos trabajos duros y denigrantes, porque ya los siempre sectores bajos y explotados de la sociedad estaban a punto de revelarse después de tanta presión. Fue allí donde la computación cuántica, la inteligencia artificial y el desarrollo de células madres tuvieron su más alto pico de progreso en toda la historia. Llegó el Proyecto Edén, la creación  de androides con inteligencia autónoma y características físicas semejantes a los humanos. Al principio se crearon toscos robots carentes de nuestra gracia, aunque muy eficientes en realizar nuestras más duras y complejas actividades. Pero la empresa Japonesa Cybercells y su competidora, la empresa brasilera Human Life, unieron sus tecnologías para desarrollar el primer androide con un esqueleto, piel y órganos 60% similar a los humanos. Los brasileros y japoneses lograron a través de las células madres, la inteligencia artificial avanzada y la computación cuántica crear un ser que obtuviera su energía a través de la glucosa, la grasa, proteínas y los aminoácidos junto al aporte del  oxígeno.

Todos los órganos humanos fueron creados con solo células madres, excepto uno, que no pudo desarrollarse, y ese órgano fue desde luego el más complejo de todos, el enigma y laberinto de todos los científicos… el cerebro; la computadora más poderosa y veloz que haya existido jamás. Pero aun así se hizo uso del mejor desarrollo de la informática cuántica con la correspondiente nanotecnología y la manipulación de las partículas atómicas para el envío de datos a través de súper conductores. Pero los japoneses y brasileros no descansaron hasta lograr un cerebro humano, o algo parecido, algo que pudiese trabajar a partir de materia biológica. Fue allí donde vino el proyecto Laurus, la creación del primer computador con materia biológica, el cual tenía un enorme parecido a nuestro cerebro humano. Desde allí se marcó un hito en la creación de androides, la raza humana tendría sus mejores aliados, seres semejantes a ellos, dispuestos a ayudarlos en las más complejas y difíciles tareas.

Pero al parecer todo ello nunca fue un plan de la humanidad en sí, sino que todo estaba en los planes de seres que poseían nuestra inteligencia, pero que no tenían cuerpos de carne y huesos para materializarse y formar parte de la Pachamama, como solían llamar los Incas a todo el vasto y muy complejo ecosistema de nuestro planeta. Esos seres son los que comúnmente conocemos como demonios, los cuales conspiraron por muchos siglos para tener sus añorados cuerpos y al fin poder reinar sobre toda la Tierra.


— ¿Por qué ellos te buscan a ti, Laurus?

—En el fondo no me están buscando a mí.

—Entonces, ¿a quién?

—Buscan a Alma

— ¿Quién es Alma?

—Alma es el primer androide con todas las características humanas, pero sin embargo, es por una cosa en particular que se le busca.

— ¿Por su cerebro?—le pregunté lleno de curiosidad.

—No, no es por eso. Es por su capacidad de llevar vida adentro. Alma es una ella, una mujer. Alma es la primera y única androide capaz de ser fertilizada con espermatozoides, y a partir de allí crear vida.

Lo que acababa de escuchar me sobrecogió por completo. Esta vez el que se levantó de la silla fui yo para ir en busca de un vaso con agua, realmente no tenía sed, solo quería meditar y sopesar un instante lo que acababa de escuchar. Intentaba digerir lo que Laurus me acaba de decir. Luego de beber el agua me volví a sentar, Laurus encendió un cigarrillo y me lo pasó, intentando él calmar mi impresión.

— ¿Me estás diciendo que uno de ustedes puede formar vida como una mujer humana?—pregunté con el cigarrillo en mi mano derecha pero aun sin fumarlo.

—Exacto Trejo. Y no sólo eso, Alma tiene las características de Eva, la primera mujer. Es decir, no hay transmisión de código genético de antepasados. Si Alma llega a engendrar un ser en su vientre será un súper humano, con una inteligencia pura y un cuerpo perfecto. Y ese cuerpo lo quiere…

— ¿Lucifer?—pregunté, completando la frase.

—Exacto.

— ¿Y qué papel juegas tú en todo esto?

—Yo soy el protector de Alma, su guardián. Pero también soy el primer androide en crear espermatozoides.

         “¡Carajo!”—expresé para mis adentros.

— ¡Entonces tú serías el Adán!—exclamé.

—Sí, tengo ese poder, de ser un Adán; aunque no soy el único. Existen tres androides más que tienen ese poder, la diferencia es que ellos están poseídos por tres de ellos…tres demonios, y uno de ellos lidera el sector uno (América y Oceanía).

         Inmediatamente después de las  últimas palabras de Trejo, él me arrojó una especie de manta con una fina tela, a la vez se emitía el tintineo de una pequeña luz roja de lo que parecía ser un dispositivo de comunicación que estaba colgado en su chaleco blindado.

— ¡Vienen!—expresó Laurus, mi corazón empezó a latir con fuerza.

         El androide me indicó que me cubriera por completo con aquella manta, y me ocultase en alguna parte. Él se cubrió con la manta también, al igual que sus dos compañeros humanos que eran a la vez sus escoltas.


—No te descubras—me ordenó el androide y al mismo tiempo empecé a escuchar ese aterrador y molesto sonido de los drones buscadores por todo el viejo y abandonado edificio donde nos encontrábamos.




Capítulo II.




Se podía ver a través de la manta, aunque la visión era opaca. Me había ocultado en mi cuarto, pero dejé la puerta entre abierta para ver qué pasaba a continuación.

Los drones se sintieron más cerca, uno de ellos sobrevolaba alrededor de las ventanas de mi apartamento, las cuales tenían  viejos barrotes de metal oxidado. “Nadie escapa de ser detectado por aquellas malditas máquinas sofisticadas”, pensé. Casi al instante también se sintieron drones muy cerca de la puerta del departamento.

A través de la abertura de la puerta de mi habitación podía ver a aquellos guerreros cubiertos completamente con las misteriosas mantas.  Yo empezaba a sentir frío, y sabía que no provenía del viento que entraba por las ventanas; eran las mantas, sentía como mi temperatura corporal empezaba a descender. Laurus y sus guardaespaldas estaban alerta a que se abriera la puerta. Nunca en mi vida había presenciado un combate, al menos no uno cerca y, tal vez en breve lo iba a presenciar.

He pasado mis últimos años escondiéndome entre los escombros de este edificio, pasando por desapercibido. Aquí en el barrio “23 de Enero” solo queda piedra sobre piedra, los escasos habitantes que permanecen perdieron sus esperanzas en las últimas batallas, solo se dedican a recibir las migajas de los Distritos Verdes (DV) de Caracas, así le llaman a las zonas conquistadas por los demonios, distritos verdes. Son todo un oasis debo confesar, pero para estar allí hay que pertenecer a ellos, “¡Que se jodan!, prefiero este lugar a que ser comandados por esos seres oscuros”, pensé. Empecé a sentir ira, quería salir de mi cuarto, tomar mi viejo bate de aluminio y patearles el trasero a esos drones.

Al cabo de un par de minutos, los drones se habían marchado y yo ya empezaba a titilar de frío como cachorro después de mojarse en la lluvia. Laurus y sus hombres se quitaron las mantas, hice lo mismo, sin esperar a que me lo pidieran, ya no aguantaba la baja temperatura. Noté que la luz del dispositivo sobre el pecho de Laurus que hace rato destellaba en rojo ahora lo hacía en color verde.

Laurus se dirigió a la mesa y se volvió a sentar en la silla, luego colocó el dispositivo de grabación nuevamente sobre la tabla. Sus dos hombres se colocaron cerca de la puerta del departamento.

—Vamos Trejo, ven a sentarte. Ya se fueron—me invitó Laurus, encendiendo otro cigarrillo. Juro que si no fuese por sus ojos totalmente en negros pensaría que era humano.

— ¿Por qué no nos detectaron? ¿Y qué son estas mantas?—pregunté, volviendo a colocar mi libro de notas sobre la mesa.

—Sus drones además de escanear el cuerpo humano también tienen visión térmica, lo que nos hace fácil de detectar por los rayos infra rojos que emitimos, estas mantas poseen  T56, un gel químico que reacciona  con nuestro calor, ocurriendo una simple transferencia de energía, solo que este gel tarda muchas horas en llegar a calentarse, lo que produce un camuflaje total frente a la visión térmica.

— ¿Termodinámica?—pregunté en forma de afirmación.

—Correcto, simple termodinámica. Es una tecnología de ellos, tenemos gente como tú infiltrada en los Distritos Verdes de Venezuela y de Colombia que suelen robar cosas para nosotros, aunque la mayoría de las veces sin éxito. Lo demás nos llega de La Oscuridad—el RH3000 no paraba de fumar mientras hablaba. –Pero volverán…—expresó

— ¿Cómo sabes que volverán?—pregunté con intranquilidad.

—Por tu departamento. Tienes nevera, cocina, dispensador de agua y algunos muebles. Ya saben que este lugar está siendo habitado por alguien, y cualquier persona que habite este edificio y los otros cercanos, es un potencial colaborador de nosotros. Pero descuida, tenemos algunas horas para seguir con esta entrevista.





Capítulo III.


La entrevista continuó, me había relajado un poco a pesar de los segundos de tensión que pasé hace un instante. Me impresionaba cuan tranquilo estaba Laurus, parecía un ser con una convicción “destinista” sobre su existencia, como si supiese con exactitud su papel en la historia de la humanidad.

Después de escuchar todo aquello de Alma y su capacidad para llevar vida, muchos planteamientos y preguntas vinieron mi mente, el primero de ellos era, que de encontrar a Alma, harían miles de ellas y buscarían exterminar por completo a la raza humana o los hijos de Dios, dicho de otra manera.

—Puedo discernir lo que piensas—expresó Laurus, viéndome fijamente a los ojos.

— ¿Y eso es?

—Estás creyendo en el exterminio de los tuyos y el advenimiento de una nueva raza, una raza perfecta y con otra forma de ver la vida…y además, con otro dios.

—Sí… pensé eso, y otras cosas más. Pero principalmente lo que acabas de mencionar.

—Aún no se sabe con certeza lo que decidirá el príncipe de las tinieblas, pero existe un 49,3 % de probabilidad de que ustedes no sean exterminados, al menos no todos. Ellos le van a necesitar como esclavos y servidumbre. Evitarán a toda costa su crecimiento exponencial esterilizando tres de cuatro mujeres que nazcan. Todo ello para evitar una rebelión o una revolución humana.

—Pero Ellos pueden crear más androides de primera y segunda [1]generación para ese trabajo de servidumbre y esclavitud.

—El problema de los androides de primera y segunda generación es que carecen de conciencia y peor aún, no tienen miedo. Una súper producción de ellos podría ser usada en su contra, pudiendo ser programados por sus enemigos. En cambio, el ser humano posee “el miedo”, un poderoso sentimiento que se usa en contra de ellos mismos para controlarles.

—Sí, el miedo…la historia de mi vida.

—El miedo es necesario, sin el perderíamos el instinto de preservación, seríamos irresponsables en nuestra seguridad. El problema está cuando dejamos que él tome dominio sobre nuestras demás emociones—Laurus creo que intentó no hacerme sentir mal por el hecho de que estoy escondido en este edificio, en vez de estar combatiendo directamente contra los demonios.

—Sí tú me preguntaras, si eres un miedoso. Yo te diría que no lo eres. En absoluto, fíjate que has decidido vivir esta vida de austeridad y no te has entregado a ellos para firmar “el convenio”.

—Sí, pero no soy un guerrero como tú, siempre le he huido a las batallas.

—O tal vez las batallas no han querido que tú entres. Tal vez tu batalla sean las letras, el informar, el ayudar e inspirar a otros con historias que contar. Un periodista y un escritor, lo cual es casi lo mismo, tienen el sagrado deber de documentar un legado. Si no hubiera nadie que contar las historias de los valientes que ofrendaron sus vidas en bien de la libertad y la justicia, todo sería en vano…sin las letras Trejo, sin libros y prensa libre, se perdería nuestra civilidad, seríamos meros salvajes.

— ¿Te han dicho que pareces motivador?—le dije a Laurus sonriendo levemente, el muy hijo de quien lo haya creado sabía cómo inspirar a la gente. Ya entiendo porque le siguen soldados que están dispuestos a dar su vida por él y por su lucha. Por otra parte, me parecía muy interesante que cuando se refería a la humanidad lo hacía en plural, incluyéndose.

Laurus hizo una pausa, se levantó y se acercó a la ventana para ver los últimos rayos del sol de ese día. Yo me quedé en la mesa tomando notas sobre mi libreta. Aquella entrevista de seguro me costaría la vida, pero valía la pena. Estaba viviendo mi mejor momento, estaba entrevistando al bioandroide más buscado de los tres hemisferios actuales. Y lo que más deseaba en ese momento, era seguir a su lado, aun después de la entrevista, hasta llegar a las últimas consecuencias. Pero yo no era un soldado, no era un guerrero como sus hombres, sería una carga; así que no podía hacerme ilusiones.

— ¿Tienes alguna bebida fría con cafeína y vitaminas?—Me preguntó al volverse a sentar en la mesa.

—Déjame revisar, seguro que si tengo—contesté y me dirigí a mi viejo refrigerador, una nevera clásica de finales del siglo XX. La abrí y revisé, tuve la suerte de encontrar una bebida fría con cafeína, aunque no era de alta calidad porque no tenía vitaminas. —Esto es lo que tengo—dije, ofreciéndole la bebida envasada con alinum[2].

—Está bien… no se puede tener todo en la vida—expresó el Laurus, destapando la bebida y dejando que escapara ese gas que da una sensación refrescante. Dio un largo sorbo y luego me miró, preguntándome lo siguiente: ¿Y qué sigue Trejo?





Capítulo IV. 



— ¿Cómo sería el mundo si los demonios toman el poder absoluto?

—Pues te digo que no será una vida de pecado y libertinaje, no habrá una Sodoma ni un Gomorra, ni tampoco una Babilonia la Grande.

— Pero son demonios, los hijos de Lucifer ¿A qué te refieres?

—Hablo de un nuevo orden… otro nuevo orden. Dónde imperará la rectitud  y la obediencia al “nuevo dios” y a sus nuevos mandamientos. Éste dios (Lucifer) a pesar de haber promovido el pecado en todas las generaciones no hará uso de éste en su mundo.

—Explícate, porque creo que estamos hablando de Satanás.

—El Príncipe de la Tinieblas siempre usó el pecado para debilitar la moral de los hijos de Dios, aprovechando sus debilidades carnales con el objetivo expreso de que el Creador del Universo perdiese poder al no tener soldados que lo defendiesen y, un general sin tropas no puede ganar una guerra.

Ya era de noche, y estábamos alumbrados por un par de lámparas de alógenos que conservo como si se tratase de uno de mis órganos. Toda aquella nueva información era sin duda más valiosa que mi propia existencia, y yo Trejo, era de alguna manera el escogido para contar una historia, transmitida de la fuente original de unos de los protagonistas principales de los hechos que se desarrollaban por todo el Planeta. No fue un periodista estadounidense, ni un inglés, ni un japonés; era un venezolano; un simple hombre solitario viviendo en las ruinas de lo que una vez fue el famoso barrio del 23 de Enero de la gran Caracas

Mi estómago había empezado a hacer ese ruido característico cuando ya no se tiene nada en él, el hambre empezaba a tocar la puerta.

— ¿Estás diciendo que Satanás será un dios de orden y rectitud?—pregunté.

—Sí, tal cual como nuestro Dios. Debes recordar que él fue un hijo y ángel del Creador.

—Pues entonces, si ama el orden y la rectitud, ¿por qué se reveló hasta el punto de hacer una gran guerra contra su padre?

—Porque es una especie de dictador, es decir, su plan u objetivo es suprimir el poder de tomar decisiones por nosotros mismos, a fin de que solo escojamos el bien, sin mirar ni siquiera otras opciones. En otras palabras…quiere acabar con el libre albedrío.

Después de oír aquello pensé en voz alta y susurré.

—La libertad de escoger.

—Exacto, Trejo—dijo Laurus, observando detenidamente mis reacciones.

—Pero... ¿No es ese el objetivo de Dios, que todos hagan el bien para salvarse?

—En parte sí, pero se debe convencer a tomar el bien, no obligar a hacer el bien, porque una vez que obligas te conviertes en un tirano.

— ¿Pues entonces para qué carajo existe la maldad, solo para ver qué decisión vamos a tomar, es una especie de prueba o examen?

—Sí, amigo periodista—respondió Laurus.

 El bioandroide se levantó para dirigirse a la ventana de la sala de mi apartamento. Se quedó viendo el firmamento, la noche estaba despejada, así que las estrellas reinaban. Luego, se volvió lentamente hacia mí y sin sentarse a la mesa me preguntó colocando su mano en mi hombro.

— ¿Eres feliz o has sido feliz, Trejo?

No supe responder aquella simple pregunta, o a lo mejor no quería responderla, tal vez porque me removía antiguas heridas. El bioandroide se quedó mirándome, esperando mi respuesta, yo sabía que con aquella pregunta intentaría mostrarme mejor lo que quería responder ante mi última pregunta. Pero su interrogante sobre si fui o soy feliz solo me hizo recordar inmediatamente a Estela, quien fue mi compañera…pero esta maldita guerra cobró su vida.

—Parece que mi pregunta te ha incomodado, no respondas si no lo deseas, además, no soy un dictador—expresó Laurus y una agradable sonrisa se dibujó en su rostro, era una sonrisa que expresaba consuelo.

—Laurus ¿Por qué me has preguntado eso?

—Porque sin adversidad no puede haber felicidad. Sin hambre no puede haber satisfacción al comer, sin sed, no puedes disfrutar del agua, sin cansancio no puedes gozar de una cama. No puede haber honor sin luchar contra los peligros que intentan apartarnos de la luz, y sin peligro no habría valientes. Ambas cosas, el bien y el mal, están es lo me mueve el poder del libre albedrío.

Debo confesar que aquello lo había meditado antes, pero a pesar de la explicación, el asunto de la adversidad y la felicidad se volvía más complejo para mí, porque surgía otra pregunta: ¿Se justifica la maldad para que podamos elegir? O más difícil aun ¿El Creador justifica la maldad?

—Oigo tu estómago crujir desde aquí, Trejo.

—Sí…—sonreí. —La adversidad del hambre ha tocado mi puerta—Laurus me devolvió una sonrisa por bromear con su filosofía.

—Pues hay que comer, hagamos una pausa en la entrevista.

—Pero no tengo tanta comida, Laurus.

—Descuida amigo, un buen soldado no necesita mucho para comer.

Ambos nos levantamos de la mesa, él se acercó a uno de sus escoltas y le dijo algo al oído, éste asintió con la cabeza y salió del apartamento.

Había empezado a revisar mi alacena, sabía que no tenía muchos alimentos, en realidad nunca tengo mucha comida.

Muchas veces me ha pasado por la cabeza irme a un DV y firmar ese maldito convenio solo para comer con tranquilidad. El hambre es una de las cosas más difícil de sobrellevar, estoy seguro que esos desgraciados lo usan como arma para conquistarnos, solo espero tener la fortaleza de aguantar, aunque es muy difícil.

En mi alacena solo quedaba medio kilo de arroz, un puñado de harina de trigo, sal y algunos mililitros de aceite de soya. Laurus se acercó hacia la alacena, yo cerré la puerta de esta rápidamente.

— ¿Te gusta el arroz, Laurus?

—Desde luego, Trejo—contestó, sabiendo que le ocultaba la cantidad de mis provisiones.

—Pues voy a preparar arroz blanco y un pan asado. Siéntate, eres mi invitado.




Capítulo V. El Cautiverio es verde.




*

Luego de la primera victoria de los demonios sobre la humanidad, en lo que se llamó la Tercera Guerra Mundial, los demonios y la mayoría de los dueños de las grandes corporaciones transnacionales, empezaron a tomar sitios privilegiados de cada ciudad en los países conquistados para construir los Distritos Verdes o DV. Estos son lugares que pueden albergar un máximo de quinientas mil personas, incluyendo los demonios, aunque la mayoría de los distritos no alcanzan la mitad de su capacidad en población. Allí el ambiente es casi verde en su totalidad, ya que los árboles, el césped y la fauna abundan como si se tratase de un nuevo paraíso; pero, estos lugares paradisiacos también tienen sus suburbios en las periferias, los cuales están llenos de miseria y vandalismo.

La “Unión de Corporaciones Humanas” (UCH), estaba encargada de dirigir el nuevo orden mundial, y aunque tenía la palabra “Humanas”, quienes estaban a la cabeza no eren precisamente humanos, sino los bioandroides poseídos. La UCH coordinaba el trabajo de las transnacionales que decidieron aliarse con los demonios a fin de salvar su estatus de vida y mantener un mercado estable en el cual vender sus productos y servicios. No obstante, hubo otras grandes empresas que sacrificaron sus ganancias y su lujosa forma de vida en aras de la libertad, aliándose con La Resistencia.

El nivel de propaganda y lavado de cerebros por parte de la UCH era magnífico y admirable, al punto que  los humanos que firmaron el convenio para vivir en los DV, estaban dispuestos a defender con sus vidas  esa forma de gobierno. Muchos eran los que se alistaban en sus ejércitos, además, la carrera de las armas y del orden público, eran las profesiones mejores pagadas después de los agricultores, habiendo niveles de sueldo dentro de ellos, según el riesgo o la complejidad de alguna misión.

Aunque su sistema parecía perfecto en apariencia, también estaba lleno de corrupción, libertinaje, contrabando, tráfico de drogas, prostitución, pornografía, alcoholismo y otras formas de degradación humana. Pero aquella forma de vida sombría dentro de los distritos verdes no era casualidad, era más bien algo planificado, era la forma de debilitar la fuerza moral de los humanos, y, aunque las fuerzas del orden combatían contra los pecados y crímenes —manteniendo la degradación humana al margen—  también dejaban pasar mucha maldad. Era algo muy parecido a la forma de vida de siglos anteriores, y seguiría siendo así hasta conquistar por completo toda la humanidad, acabando con la resistencia en la Tierra, la cual empezaba a ser cada vez menor, quedándose Dios con menos soldados para defender toda su creación.


**

    En los DV hay dos cosas que se castigan con la pena de muerte o el “destierro perpetuo”, y esas son: conspirar contra el sistema para derrocarlo, ya sea por omisión, comisión o simplemente no estar convencido de la nueva doctrina o albergar sentimientos negativos hacia la UCH. La otra era la predicación o proselitismo de cualquier forma de religión, en especial del cristianismo, el judaísmo y el islam, y también cualquier doctrina política y filosófica para gobernar que haya sido usada en el pasado; no obstante, se podía albergar en el corazón alguna creencia religiosa dentro de las paredes de un hogar y solo por miembros de esa familia y dos veces al año se les permitía a cristianos, judíos y musulmanes, reunirse en sus templos por el espacio de solo dos horas a fin de adorar libremente según los deseos de su corazón. Las UCH permitían esta especie de drenaje religioso o espiritual para evitar una revolución, era algo parecido a la forma de gobernar que usó el viejo imperio romano, el cual nunca quitó del todo las costumbres culturales y religiosas de los pueblos conquistados. Las UCH también conocían como usar las religiones en contra de la población, ya que una religión puede convertirse, si se lleva mal, en una especie de morfina, que adormece la valentía para la lucha contra un sistema tiránico.

Para los no religiosos, estaban destinados los vicios carnales, los cuales estaban prohibidos terminantemente y eran castigados con prisión, aunque las penas nunca superaban los quince años, excepto el delito del asesinato, el cual se castigaba con treinta a cuarenta años de cárcel. Pero en la práctica había mucha permisiva para delinquir. Ellos proyectaban subliminalmente “los vicios carnales” contra la juventud a través de propagandas en el entretenimiento multimedia, ya que los jóvenes, según la historia, eran la parte de la sociedad con más valor para derrocar cualquier forma injusta de dominación.

En esta forma de orden mundial vivía Diana, una chica que contaba con tan solo veintiún años de edad, y quien  ya ejercía la profesión de propagandista y vigilante de la UCH. Pero ella, como otros dentro del DV, no eran súbditos de corazón, y eso era sumamente peligroso… ella lo sabía, sabía que podía costarle la vida o el destierro perpetuo a La Oscuridad, como le llamaban Ellos a los sitios fuera de los límites de los DV.

Uno de los trabajos de Diana consistía en vigilar que los miembros de los hogares dentro un área asignada para ella, escuchasen “el mensaje de paz” durante la primera hora de sueño. Esto era un audio que contenía música de relajación con sonidos delta que hacía que el contenido principal pasase como algo bueno. En el contenido principal había una elocuente y agradable voz que explicaba la causa de tanto sufrimiento en la humanidad, en donde el Plan de Dios era el culpable, también se explicaba que cualquier doctrina o ideología política y filosófica del pasado que protegiese la justicia y la igualdad de derechos de los hombres y las mujeres eran dogmas para esclavizarlos y manipularlos. Aquel audio tenía un breve pico de angustia, miedo y frustración, el cual se disipaba con la voz del bioandroide encargado de gobernar ese distrito verde. La familia o persona que omitiera escuchar la hora del mensaje de paz era acusada de intentar conspirar contra UCH. La ley podía perdonar la omisión de escuchar el mensaje de paz hasta tres veces, de allí en adelante significaba el destierro perpetuo.

Eran tan poderosa en influencia, la hora de propaganda de “el mensaje de paz” antes de dormir, que muchas personas y familias fueron dejando sus religiones, llegando a amar a sus verdugos, los cuales más tarde o más temprano los conducirían a la segunda fase de esclavización.

Diana tenía asignado sesenta hogares, era un trabajo arduo monitorear tal cantidad de familias, esa labor de vigilancia la podía ejercer un bioandroide de segunda generación pero tener a todos los humanos ocupados era una mejor forma de mantenerlos vigilados a todos. Los bioandroides de segunda generación eran usados más que todo para monitorear y prestar seguridad en los suburbios, ya que podían ser programables a fin de cumplir determinados objetivos.

Diana había encendido un cigarrillo blanco y se disponía a vigilar a cada familia, las cámaras y micrófonos instalados en los hogares se encendían a las diez de la noche por el espacio de sesenta minutos, hora en que toda la familia debía estar durmiendo, a menos que por causa de trabajos nocturnos, como el de Diana o por motivo de una eventualidad, la familia o persona pospusiera la hora del mensaje de paz a otro momento de la noche.

Ella encajaba bien con aquel trabajo debido a que nunca podía dormir bien; era una típica noctámbula.

Mientras revisaba los monitores observaba como una pareja de viejitos dormían abrazados, aquella imagen la enternecía, ver como el amor aún puede existir en medio de una tiranía disfrazada de oveja, ella nunca se había enamorado, llegó a pensar que tal vez era lesbiana, ya que ni en la adolescencia le gustó algunos de sus compañeros de liceo, y cuando llegó a al Instituto Superior de la UCH tampoco se sintió atraída por sus nuevos compañeros.

Mientras Diana seguía observando aquella pareja de ancianos, se acercó Luis, un compañero de trabajo que traía un termo de café negro y lo había colocado encima del panel de los monitores, los cuales eran hologramas de catorce pulgadas de ultra definición.

— ¿Aun viendo a los Pérez?—preguntó Luis, quien le llevaba diez años de diferencia a Diana. —Ya sabes… podemos estar así hasta que la muerte nos separe.

—Lo siento, aun no eres el último humano macho en todo el planeta—respondió Diana con una leve sonrisa irónica en su rostro, destapando el termo de café y sirviendo en su taza.

—Algún día Diana, algún día—susurró Luis y se quedó viendo uno de los monitores. — ¿Qué están haciendo los Gamarra?

—Están orando—Diana veía el monitor de los Gamarra y al mismo tiempo sostenía con sus dos manos el café caliente con objeto de quitar el frío de sus manos a causa del aire acondicionado en su cubículo.

—Pero ya sabes que…

—Sí Luis, sé que debo informar esa falta—Diana dio un sorbo a su café en una actitud pasiva ante el asombro de Luis. —Hay veces que cuando Julia, la hija menor, tiene una pesadilla, no hay manera de calmarla sino orando con su hermanita mayor y sus padres.

— ¿Y cómo carajo sabes eso?—seguía asombrado Luis.

—Ellos pasaron un informe a su líder inmediato, explicando el motivo para hacer una excepción.

Luis pareció calmarse antes aquella justificación expresada por su compañera, orar en medio de la hora del mensaje de paz se consideraba un acto subversivo. Pero Diana mintió, no hubo tal informe, simplemente conoció a los Gamarra en persona y ellos le expresaron toda la angustia que sentía Julia en momentos de pesadillas.

Los propagandistas, específicamente los que tenían el cargo de vigilantes, tenían prohibido bajo cualquier circunstancia hacer contacto con sus vigilados, ya que ello podría debilitar la fuerza para denunciar tal irregularidad a las autoridades del orden y a la  asamblea disciplinaria. Pero ella tomaba aquellos tipos de riesgos en favor de los humanos, era una de sus formas de luchar contra aquel sistema, y aunque era más el peligro de perder su vida que debilitar a los biodemonios, era su forma de decirse a ella misma: “Ehhh, mírame, no soy como ustedes, no les pertenezco, ni les perteneceré jamás.

En cuanto a Luis, él no la denunciaría, parecía tonto, pero no lo era del todo, ella conocía sus delitos, él tenía debilidad por la marihuana y por el material pornográfico que venía de La Oscuridad. La denuncia de ella, supondría al menos seis años de prisión con trabajo forzado en los centros de agricultura ubicados fuera de los DV, dónde se trabajaba desde las seis de la mañana hasta las siete de la noche y con suerte se gozaba de dos días libres a mes. Luis no le dio más importancia a aquello, no iba a dudar de la mujer que lo hechizaba con su mirada.

Diana era una joven de estatura pequeña, 1,60, pero su esbelto cuerpo le hacía lucir más alta, su cabello era negro y rizado, llegándole a la mitad de su espalda, su piel era color canela. Sus ojos marrones como el café, y parecía penetrar el alma de quien sea, y ella lo sabía, sabía cómo usar tal poder en sus ojos. Luis, su compañero, era de media estatura, solía pasar una hora diaria en el gimnasio virtual, ya que odiaba sudar en la realidad, así que prefería colocarse los lentes de realidad virtual y conectar todos aquellos cables que emitían impulsos eléctricos a sus músculos de acuerdo al gimnasio ficticio que dibujaba el software. Si no fuese porque era un imbécil y un pedante sujeto con sus músculos, a lo mejor Diana se hubiese fijado en él.


Cuando se hicieron las dos de la madrugada, Diana y Luis habían terminado su horario de trabajo, además de vigilar sus hogares asignados del DV, también planificaban y diseñaban juntos, el contenido de los hologramas publicitarios de las calles, constantemente tenían que innovar, pero básicamente era lo mismo, mensajes subliminales para cometer pecados, “la UCH es la salvación”, “el viejo orden es la perdición”, siempre era la misma suciedad procesada en empaques bonitos con mucho edulcorante.



De camino a casa, Diana y Luis fueron por otro café en un bar que estaba en los suburbios, los hogares de las periferias no eran casi vigilados, muy a pesar de ser una cantidad considerable, sería un tercio de la población e iba en crecimiento. A ellos no se les supervisaba si escuchaban el audio del mensaje de paz antes de dormir, en teoría tenían que hacerlo, pero por alguna estrategia no eran tan estrictos con ellos; pero las fuerzas del orden si patrullaban con mucha regularidad los suburbios, aunque la mayoría de aquellos agentes eran corruptos, haciéndose de la vista gorda en muchos casos, de hecho, hasta permitían predicar clandestinamente a los habitantes de aquellos lugares donde el deseo de llevarse un pan a la boca, era más fuerte que el mensaje predicado.

El bar donde entraron Diana y Luis era apenas iluminado por tres bombillos rojos y uno de ellos titilaba como si se fuese a dañar. El lugar olía a cerveza agria, cigarrillos negros y a orina que provenía de los excusados. El lugar era un asco, no había duda de ello, pero Diana y su compañero preferían aquel lugar donde no había ni cámaras ni micrófonos, a un bar con un dron sobrevolando sobre la mesa y revisando el café.

Luis había pedido una cerveza helada, había cambiado su decisión de tomar café a última hora, Diana si pidió el café, uno bien negro y espeso. Sacó un cigarrillo blanco de su bolso y lo encendió. El mesonero, que hacía a la vez de barman y cajero, trajo lo solicitado a la mesa. En un rincón del lugar había un hombre declamando versos románticos en compañía de un cuatro[3], a quien nadie parecía prestarle atención, excepto un hombre obeso que sostenía una jarra de cerveza y que celebraba cada declamación de aquellos tristes versos de amor. El resto de las personas estaban dormitando sobre sus sillas, como esperando que la noche y la cerveza fuesen eternas a fin de olvidar sus miserables vidas.

Aquel lugar donde estaba ese bar era peligroso, era lo que se conocía antes como Petare, muy cerca de la vieja avenida Francisco de Miranda por donde pasaba el antiguo y abandonado metro de Caracas. Los delincuentes y contrabandistas reinaban en aquellos sitios, pero el uniforme azul marino que llevaban Diana y Luis  con las iniciales bordadas de la UCH disuadía a cualquier persona que quisiera hacerles daño, incluso, las fuerzas del orden también respetaban ese uniforme azul marino.

Diana había ordenado el segundo café y Luis llevaba la cuarta cerveza helada, el alcohol le había destapado su deseo por fumar marihuana, pero esa noche no tenía suficiente bitcoins para hacerse con un buen porro, era un hombre de paciencia, esperaría por el pago de su quincena al igual que esperaría por el amor de Diana.


***

Llegó las 4: 00 am y el bar empezaba a quedar vacío. El hombre de los poemas con el cuatro ya no estaba, en su lugar estaba un comediante de tercera, al cual nadie prestaba atención, excepto el mismo hombre obeso que había aplaudido todos los versos del poeta y ahora reía a carcajada cada chiste que contaba el artista del humor montado en tarima. Por su parte, Luis ya estaba ebrio, pero aun podía llegar a su casa con relativa comodidad. Diana ya quería largarse a su departamento, el cual estaba a veinte minutos en bus por la autopista electromagnética. Además ya no tenía a nadie con quien hablar, de estar sobrio Luis podía esperar hasta que rayara el alba, su jornada de trabajo comenzaba a las siete de la noche. Los vigilantes de las propagandas eran de los pocos profesionales que se podían acostar a la hora que quisieran, siempre y cuando no faltaran a su trabajo y escuchasen la hora del mensaje de paz al acostarse a dormir, para ellos existían otros vigilantes con horarios rotativos que verificaban si cumplían con el mensaje de paz.

—Nos vamos Luis—ya es hora de ir a casa para dormir.

— ¡Quién, quién…ahh…ahh!—Luis contestó alarmado, estaba dormido con medio cuerpo sobre la mesa, con dos docenas de botellas vacías que le rodeaban. Embriagarse también era un delito que se pagaba con prisión.

Mientras Diana intentaba despertar a su compañero, tres hombres altos y corpulentos con aspecto de criminales se sentaron a la mesa de ellos. Dos de estos matones llevaban chaquetas negras de cuero y el otro una fina camisa manga larga.

—Mira a quién tenemos aquí, a los propagandistas vigilantes—expresó el hombre de la camisa de mangas largas, el cual era caucásico, con un cabello y una barba rubia y desaliñada. Los demás hombres parecían dos moteros sacado de los años setenta  del siglo XX.

—No jodas Majín, no estoy de humor…no he dormido nada—respondió con indiferencia Diana, sin dejar de intentar despertar a Luis. —Carajo Luis, ¡levántate!—Diana echó cerveza helada sobre la cabeza de Luis, lo cual lo hizo despertar en un instante.

—Listo, listo Diana, no vamos—Luis se repuso rápido, aunque estaba algo tambaleante.

—Nosotros también nos vamos Dianita, me mandaron a entregarte esto—dijo Majín, dejando un papel blanco cuidadosamente doblado y con sello de cera.

Diana reconoció el sello, si sentía algo de sueño en ese momento, éste ya se había marchado. Luis en ese instante se había dirigido al barman para pagar la cuenta, él notó que Majín le había entregado algo a Diana, un papel, pero no se había fijado en el sello. Diana tomó el papel y lo metió rápidamente en el bolsillo de su pantalón. Cuando por fin Luis pagó la cuenta ya Majín y sus gorilas se habían marchado.

La ansiedad empezó a crecer en Diana, quería llegar a su casa y desplegar aquel papel doblado para leerlo. Aquello solo significaba dos cosas, o había sido descubierta en sus crímenes contra el sistema y “Los Clandestinos” le alertaban para que abandonara el DV o se le extendía una invitación para realizar un acto de saboteo contra los biodemonios. De de no llevar a cabo el saboteo, sería delatada a la UCH como criminal por los delitos de conspiración y sublevación. Sabía que estaba jodida, el miedo y la angustia empezó a regarse por todo su ser.





[1] Fueron los primeros androides creados para remplazar a los humanos en los trabajos más duros y peligros. Empezaron a crearse a mitad del siglo 21, eran muy eficientes, pero carecían de la gracia humana y el aprendizaje autónomo era muy deficiente. Dichos androides fueron mejorados, y se usan en la actualidad en los distritos verdes a fin de ayudar en la producción de bienes y servicios que requieren mucho rigor. También se les usa como soldados de vigilancia en las periferias de los DV (Distritos verdes).
[2] Metal sustituto del aluminio para preservar alimentos y bebidas.
[3] Instrumento de música venezolana semejante a una guitarra de solo cuatro cuerdas y de reducidas dimensiones.


<<Continuará la próxima semana>>

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domingo, 10 de abril de 2016

Resistencia Humana (Extraterrestres)



Pedro Suárez Ochoa. 

RESISTENCIA HUMANA.


(Relato)

— Alex García, ¿negará usted su condición de terrícola, y dejará de ser para siempre un humano?—dijo una extraña voz que parecía venir de muchos lugares a la vez, su sonido era entre robótica y humana.
— ¡Jamás, hijos de puta! ¿Me escuchan bien? ¡Jamás!—respondió Alex, un ex militar y ex agente de inteligencia venezolano.
         El lugar donde se encontraba el ex militar era sumamente blanco en su totalidad, solo se escuchaba el sonido de una especie de aire acondicionado, más la voz que cada quince minutos volvía a hacer la misma pregunta.
         Cada vez que Alex se negaba a abandonar su condición humana, un terrible sonido hacía llevar sus tímpanos al límite, aquel sonido o aquella resonancia parecía estar en una frecuencia para volver loco a un humano. El sonido solo duraba diez segundos, pero para Alex parecía una hora de tormento que lo hacía gritar con todas sus fuerzas, le parecía tener la sensación de que sus tímpanos sangraban y después de recibir esa extraña resonancia, perdía el equilibrio, quedando desorientado por el espacio de un minuto.
[Quince minutos más tarde]
— Alex García, ¿negará usted su condición de terrícola, y dejará de ser para siempre un humano?
— ¡Vete a la mierda, maldito!—contestó Alex y al instante se escuchó el mismo espantoso sonido. — ¡Ahhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhh!

         La voz seguía haciendo la misma pregunta, siempre cada quince minutos. Alex era fuerte, de eso no había duda, había sido entrenado para ello; pero después de veinticuatro horas, su resistencia se doblegaría. El cuerpo humano necesita reponer el sistema nervioso, y si no se duerme bajo una condición de tortura, la “histeria” está a un paso de llegar.
— Alex García, ¿negará usted su condición de terrícola, y dejará de ser para siempre un humano?
         El ex militar tenía los ojos bañados en sueño, casi no le quedaba fuerzas para responder, al menos para dar su respuesta negativa, esta vez levantó la mano derecha haciendo un puño apretado con el resto de fuerzas que le quedaba y, sacó el dedo del medio en señal de indecencia.
— ¡Ahhhhhhhhhhhhhhh¡—volvió a gritar Alex, después que el extraño sonido penetrara cada milímetro de su agotado cerebro.
         Luego de treinta horas, Alex estaba derrotado, solo le importaba dormir y dejar de escuchar esa resonancia que le atormentaba. Pero su orgullo de guerrero se interponía entre tomar una decisión que le permitiera descansar u otra que acabaría con  él. Pasaron quince minutos y la voz no hizo la misma pregunta, sino que, otra voz se escuchó, una muy diferente, ésta era femenina y le parecía familiar.
— Alex, ¿Estás bien? ¿Por qué prefieres seguir sufriendo?, si esto sigue morirás o te volverás loco para siempre, ¿Esto es lo que deseas?
         Alex estaba en el piso, tratando de digerir todo lo que había escuchado y al mismo tiempo trataba de recordar de quién era aquella voz femenina que le parecía muy cálida y familiar.
— ¿Quién eres? ¿Quiénes son ustedes?—preguntó Alex, con la escasa cordura que le quedaba.
—Alex, somos una raza de extraterrestre que ha convivido con ustedes por más de cuatro mil años. Nosotros le hemos brindado los más importantes conocimientos para el desarrollo de su especie, pero ustedes han desperdiciado ese conocimiento matándose unos a otros.
— ¿Y qué tengo que ver con eso?
—Queremos limpiar la Tierra, Alex. Limpiarla de tu raza. Pero es necesario que el diez por ciento de la humanidad sobreviva.
— ¿Y yo soy parte de ese diez por ciento?
—Correcto Alex.
— ¿Y no pudieron pedírmelo de otra manera?
—No Alex, nos ibas a rechazar de tajo, hemos ablandado tu resistencia mental para que puedas ser capaz de al menos escucharnos.
— ¿Sabes qué?...
—No Alex, no lo digas por favor, no digas lo que vas a decir… mi vida.

         Alex recordó de quién era la voz, no lo podía creer, con seguridad sería un engaño; pero si fuese la voz de ella…su esposa.
— ¿Gabriela?
—Sí Alex, soy Gabriela, mi vida.
         Alex se enterneció con lo que acaba de escuchar, su corazón empezó a latir diferente.
—Sí eres Gabriela, muéstrate—exigió Alex.
         Una compuerta se abrió y una fuerte corriente de aire envolvió su cuerpo. Una figura femenina vestida con un mono color crema se acercaba hacia él, era Gabriela, su Gabi; pero al instante dos figuras altas en extremo hicieron acto de presencia, parecían sostener una especie de armas de un color cromado.
—No temas Alex, ellos son seres de luz—comentó su esposa y fue caminando hasta donde estaba él para abrazarlo.
         Los extraterrestres parecían humanos, pero su estatura superaba los 2,20 metros, y sus ojos a diferencias de los humanos eran completamente negros y mucho más grande, tal vez el doble.
—No tengo tiempo de explicarte todo, Alex. Solo niega tu condición de terrícola y humano, mi vida…por favor, confía en mí—rogó Gabriela y al mismo tiempo besó a su pareja.
—Sí, estoy dispuesto a abandonar mi condición de terrícola y de humano ¡Lo estoy! ¡Me oyes! Lo estoy—gritó Alex, dirigiéndose a los dos seres que acaban de entrar.
         Gabriela lo volvió a  abrazar luego de negar para siempre su condición de humano. De pronto, Gabriela se tornó diferente. Empezó a aumentar en tamaño y sus ojos se hicieron completamente negros y mucho más grandes. Alex quedó en shock, quería gritar pero no podía, su locura había comenzado.
—Experimento B-45667-199 terminado. El sentimiento llamado “amor”, puede ser más eficiente que la tortura en sí misma—expresó el alienígena que observaba todo desde su lugar de comando.

"Fin"...







miércoles, 10 de febrero de 2016

CONVERSIÓN DE UN VAMPIRO



CONVERSIÓN DE UN VAMPIRO
El poder de dos amores.



Por: Pedro Suárez Ochoa.

Todos los derechos reservados. Ninguna parte de este libro puede ser reproducida o transmitida en cualquier forma o por ningún medio electrónico o mecánico, incluyendo fotocopiado, grabado, o por cualquier almacenamiento de importación o sistema de recuperación sin permiso escrito del autor.




Prólogo.


                  Dicen que los vampiros son esto y lo otro, que el ajo, que la estaca de madera,  el crucifijo y por allí sigue la lista, hasta llegar al espejo. Lo cierto es que, los vampiros sí existimos y somos  tan mortales como los seres humanos, tenemos casi las mismas debilidades; solo nos diferencia algunas cosas de ellos, una es sin duda, nuestro gusto por la sangre y, otra es, que ellos buscan edificar el reino de su Padre Creador en la tierra; y por el contrario nosotros buscamos edificar el Reino de Zeor, nuestro Salvador y nuestro Dios, al que dedicamos nuestras vidas para lograr resucitarlo, por arrancarlo de esa dimensión entre la muerte y la vida, esa a la que muchos llaman “El Limbo” o “La Nada”, pero que realmente es una prisión, donde Lucifer coloca a sus más temidos adversarios, aquellos que osan con pretender sacarlo de su reinado actual, porque  él es quién reina en la actualidad. Así que nosotros luchamos contra dos bandos, uno, el del Creador Celestial y el otro, el de Lucifer.

        Hay sin embargo otros seres que luchan por establecerse, pero son la minoría, aunque no se les puede subestimar, ya que muchas veces suman sus fuerzas a algún otro bando de nuestra competencia. Entre ellos están los hombres lobos, que lo único que tienen de lobos es su maldita mala educación y su cerebro que raya en lo primitivo. También está un legendario grupo de guerreros humanos que tienen su origen en el imperio romano y están establecidos en Inglaterra, ellos se hacen llamar “La Orden de la Luz”. Estos últimos tienen como misión acabar con los vampiros y con todo el legado de Zeor.

        Nosotros sin embargo somos finos en nuestros modales, somos grandes empresarios, y durante siglos y siglos de historia hemos amasado una fortuna tan grade como cualquier religión antiquísima. Nos hacemos pasar por humanos comunes y corrientes, pero ostentamos poder y mucho prestigio social.

        Nuestro Padre Zeor es nuestro verdadero creador. Éste fue un Marqués español durante la colonización hispana en el Nuevo Mundo, y no fue una especie de “Conde Drácula” como el personaje de ficción creado por el novelista Bram Stoker, quien se inspiró en la vida del verdadero Drácula, el príncipe rumano “Vlad Draculea” (1431-1476), conocido como EL EMPALDOR, quien gobernó con mano de hierro, llegando a beber la sangre de sus enemigos, y quien al momento de comer, mandaba a empalar a sus adversarios frente a su presencia, en donde el olor a excremento se mezclaba con el olor a cobre de la sangre. Aquel gobernante podía seguir comiendo su banquete tranquilamente en presencia de uno de los más terribles métodos de tortura y ejecución, como lo fue el empalamiento.

        Pero nuestro Padre Zeor no poseía tales métodos bárbaros, incluso, nos enseñó a cuidar a los humanos, a mantenerlos vivos, porque así son una fuente inagotable de sangre, el fluido vital para nosotros. También nos enseñó a no solo mantener vivos a los humanos, sino que además nos enseñó el mejor método para esclavizarlos y tenerlos a nuestros servicios, el cual consistía en darles “dinero, sexo, bebidas, comidas exquisitas y distinción social,”, en fin, exaltar todos sus egos, trabajar a nivel de sus instintos básicos.

        Nosotros los vampiros, somos como los  psicólogos, grandes estudiosos de la mente humana, y tenemos que serlo, mejor dicho, estamos obligados a serlo. Si queremos reinar sobre la Tierra, tenemos que conquistar las mentes de los humanos

        Ahora, ¿Quién soy yo? ¿Por qué cuento todo esto? ¿Y de qué se trata esta historia? Soy un vampiro y eso ya lo saben, pero esta historia no es mía, esta historia es de un hermano vampiro, una historia que no debo contar, o al menos no debo ser descubierto, porque me costaría la vida, pero algo dentro de mí me obliga a hacerlo y verdaderamente no sé qué es ese algo, pero es real.



Capítulo I. Tatiana.


         Tatiana, una hermosa mulata de cabello negro y rebelde, que al arreglárselo, se convierten en hermosos rulos. Su cabello siempre está impregnado de la fragancia de frutas del champú que usa, y esta fragancia se mezcla con el olor natural de su cabello. Resulta difícil no detenerse para oler ese cabello que va acompañado siempre de una sonrisa llena de carisma. Sus ojos son negros y brillantes como el azabache recién pulido. Su piel es clara y sus facciones son ligeramente afro, dónde destacan unos labios carnosos que siempre invitan a mirarlos aunque sea unos segundos. Ella estudia para ser docente de preescolar en la Universidad Pedagógica (UPEL), llevándole la contraria a sus queridos padres, quienes siempre soñaron con que su hija estudiara medicina en la Universidad de Oriente (UDO) de Ciudad Bolívar.

         Esta hermosa mulata está a punto de cumplir veinte años, pero también está por conocer a un apuesto hombre de treinta años de edad que lleva una vida apartada de Dios, y ostenta una gran fortuna que se pierde de vista. Tatiana además asiste con mucha regularidad a una iglesia cristiana denominada “La Iglesia del Maestro”. Su vida es tan casta y pura que solo se concentra en las actividades de su religión y su universidad, el tiempo que le resta es para su familia, sus padres y sus dos hermanas menores.

         Cada mañana le dedica veinte minutos a la lectura de la biblia, en especial a los libros de los evangelios. Ella sueña con casarse y formar una familia al lado de un digno hombre de su religión. No le importa cuánto dinero vaya a tener su futuro esposo, solo le interesa que la ame a ella y sólo a ella, que la quiera con todas las fuerzas de su corazón, tanto como Jesús, quien amó a su iglesia, hasta el punto de dar la vida por ella. Así que el dinero es solo algo secundario para ella.

         Los jóvenes de La Iglesia del Maestro sueñan con ser novios de Tatiana, desde los que tienen quince, hasta los que llegan a veinticinco años de edad y, entre esos muchachos, quien más lleva la delantera es José, un chico de veintitrés años que cursa el quinto semestre de medina en la UDO, a quien los padres de Tatiana se lo han puesto entre ceja y ceja. Y bueno, ¿por qué no casarse con José? Después de todo es atractivo, fiel a su religión y estudia medicina, la carrera que siempre sus padres quisieron que cursara.

        Una tarde cálida de mediados de febrero del 2011, José se encontraba con Tatiana comiendo helados de yogurt, en una heladería de Vista Hermosa, cerca del Estadio Heres. Allí José escuchaba a Tatiana con mucha atención, claro, su atención no se enfocaba en las palabras que ella emitía, sino en sus labios carnosos y en el olor a frutas que desprendía su cabello. Él solo movía levemente su cabeza en señal de afirmación, y ella sólo se dedicaba a conversar acerca de la próxima actividad para los jóvenes de la iglesia que sería en un campo cerca de Ciudad Bolívar, vía Puerto Ordaz.

—Creo que el Pastor García quiere lo mejor para los jóvenes. Esa actividad promete mucho y creo que debemos asegurar que todos asistan—dijo Tatiana, mientras comía su helado favorito de yogur con fresas y melocotón.
—Claro, estoy de acuerdo contigo Tati, hay que invitar a todos y todas—comentó José. Eran las primeras palabras que decía en quince minutos de estar oyendo a su interlocutora. — ¿Te ordeno otro helado Tati?
—Sí por favor, dile que le ponga doble ración de fresas—respondió Tati, que no es chica de comer mucho, a menos que sean helados de yogurt, allí la cosa cambia.

         José, quien conoce a la perfección los gustos de Tatiana por los helados, siempre está dispuesto a complacerla. Cuando José traía el helado con doble ración de fresas, alguien tropezó con él, e hizo que el helado cayera por completo en el brazo derecho de Tatiana, las fresas fueron a parar por todo el suelo de la heladería. El culpable de este incidente, era un hombre alto, cabello negro y perfectamente cuidado, de unos ojos amarillos como el sol, con algunas leves tonalidades de verde y marrón, pero principalmente amarillos y penetrantes. Aquel hombre de ojos de gato, se quitó rápidamente su corbata y la usó como pañuelo para limpiar el brazo de Tatiana.

—Señor, no se preocupe. Yo lo arreglo todo—comunicó de manera seca y tajante José.
—Por favor, déjeme reparar el daño—agregó el misterioso y atractivo hombre, mientras seguía limpiando el brazo de Tatiana con su corbata.

         Tatiana no hallaba que decir, nunca en su vida había visto un hombre tan atractivo, al menos no en persona. El perfume del hombre penetraba hasta su alma misma, su voz pastosa era envolvente y el cuidado excelso de su vestimenta la tenía en otra dimensión… desconocida para ella.

—Está bien señor, no ha pasado nada, además ya me ha limpiado—alcanzó a decir Tatiana con timidez.

         El hombre de los ojos amarillos andaba acompañado de una sensual mujer rubia, con una ropa casual muy ajustada a su cuerpo. La atractiva rubia se sentía algo fastidiada por la insistencia de Iván.

—Déjenme pagar otro helado por favor—dijo Iván, mientras enrollaba su corbata y al mismo tiempo sus manos se tornaban pegajosas por el helado.  
—No señor, está bien—intervino José, y su rostro empezaba a mostrar molestia.
—Dejemos que el señor compre el helado José, todos tenemos derecho a enmendar un error—comentó Tatiana, y al instante se puso de pie para para ir al baño de mujeres y quitarse con agua el pegoste del helado.
—Cariño, busca una mesa. En segundos estoy contigo—expresó Iván a su acompañante rubia y fue por los helados. José no le quedó más remedio que quedarse sentado a la mesa.

         Cuando Tatiana salía del baño, tropezó esta vez ella con Iván. Iván hizo un gran esfuerzo para que la bandeja de los helados no cayera encima de Tatiana.

—Hermosa señorita, creo que con este nuevo tropiezo estamos a manos.

         Tatiana estaba muy cerca de Iván, sus ojos estaban a la altura del pecho de este singular hombre. Ella lo vio directamente a sus penetrantes ojos amarillos, y él sintió la fragancia de su hermoso cabello negro lleno de rulos.

—Entiendo que le gusta yogurt con melocotón y muchas fresas—habló Iván y le extendió el helado de ella.
—Sí, es mi favorito, me gustan mucho las frutas, en especial las fresas.
—Como la fragancia de su pelo señorita, es de frutas.

         Tatiana se ruborizó.

—Bueno, con permiso hermosa señorita—dijo Iván y luego se fue a sentar con la mujer rubia.

         Tatiana se fue con su helado a sentarse con José y ya no hablaba más como antes; pero José tomó el relevo de la conversación en lo que quedaba de tarde. Ella solo miraba de reojo a Iván y éste le devolvía las miradas, ya que estaba sentado frente a ella, a una distancia de seis metros. José volteaba preocupado hacia dónde Tati dirigía la vista. Los celos se apoderaron de él, nunca se había sentido bajo amenaza por otro hombre  con respecto a Tatiana. Pero siempre hay una primera vez para todo…eso dicen…



Capítulo II, Iván.

  
         El vampiro Iván, siervo de Zeor, luchador contra Dios y contra Lucifer; había quedado anonadado esa tarde en la heladería. Aún podía sentir la fragancia del cabello de Tatiana y el de su cálida y tierna sangre, a pesar que andaba acompañado con una de sus amantes llamada Verónica, una sensual y espigada rubia casi del tamaño de él cuando llevaba tacones.

         Los pensamientos de Iván estaban concentrados en esa interesante joven mulata que sentía debilidad por los helados de yogurt con fresas y melocotones. No obstante, le parecía una joven sumamente inocente, sin duda era virgen y, con seguridad nunca había conocido el amor. El hecho de ser pura y virgen le atraía sobremanera, la empezó a codiciar, deseaba hacerle el amor y probar su sangre.

         Cuando Iván y Verónica dejaron la heladería, se dirigieron hacia uno de los edificios de su propiedad. Ese edificio era realmente un santuario para nuestro Padre Zeor. Allí solemos hacer rituales, beber sangre, fornicar y esforzarnos por tener una fiel membresía de mujeres y hombres, dispuestos a compartir su sangre con nosotros sus amos.

         Esa noche en nuestro templo oculto, Verónica se preparaba para entregarse a Iván de la manera más lasciva. Primero, ella misma sacaría 200 cc de sangre de su cuerpo, a través de una gran jeringa de oro y luego ofrecería la sangre en una fina copa de cristal a su amo Iván. Ellos orarían ante el altar de Zeor sin ningún tipo de prenda de ropa, solo la piel desnuda de sus cuerpos. Luego, él bebería la sangre de ella para después tener relaciones sexuales frente al altar.

         “La sangre nos produce una singular excitación carnal, en especial la de las mujeres”, como vampiros, entramos en un oscuro trance sexual. Pero Iván, a pesar de haber tomado la sangre de Verónica, no pudo alcanzar su estado viril para consumar el acto lascivo, aun con la danza sensual que ejecutaba su compañera.

— ¿Qué tienes Iván? ¿Te sientes bien?
—No sé que tengo. Déjame solo por favor y llama a Patricia, dile que la quiero en una hora en mi oficina.
—Okey, está bien—dijo Verónica y se empezó a vestir frente al altar de Zeor, dónde estaban unas gruesas sábanas de lino y de seda color blanco y rojo sobre el piso.

         Patricia era la secretaria y la mano derecha de Iván, éste le pagaba una gran suma de dinero como sueldo, pero a cambio debería estar a disposición de él las 24 horas. Patricia nunca supo que su jefe era un vampiro, y si se lo contaban, jamás lo creería, para ella, como la mayoría de las personas, los vampiros no existen.

    Su secretaria era una excepcional profesional, había cursado estudios de administración de empresas aquí en Venezuela y en Europa, también contaba con cuatro años de experiencia en una trasnacional encargada del entretenimiento nocturno en distintas ciudades del país. Siempre conservaba una conducta intachable, combinado con un profesionalismo excelso.

         Iván fue a darse una ducha en su amplio baño privado en el templo  Zeor, allí él tenía espejos por todas partes, ya que su reflejo era una de las cosas que más le gustaba. Era un ser vanidoso y estaba muy orgulloso de su esculpido cuerpo. En su baño tenía una nevera especial con una temperatura constante de 4 ºC  con un ordenado almacenamiento de sangre en bolsas adecuadas con anticoagulante,  para conservar su vital líquido; tomó una y la vació en una copa de plata con incrustaciones de piedras preciosas, que data de la época colonial. Se metió en su yacusi, y se relajó un poco en la tibia agua llena de burbujas. Su mano derecha sostenía la copa de plata y le daba pequeños sorbos a la sangre. Prefería la sangre recién salida de las personas, porque era cálida y tenía todos sus componentes; pero no todo el tiempo podía conseguirla en el estado ideal. Iván se relajaría solo unos minutos dentro del agua. Había puesto música, le encantaba el género “new age”, en especial Enya y Kitaro.  

         Luego de unos quince minutos de relajación, salió del yacusi, se secó el agua del cuerpo y el cabello. Después perfumó su cuerpo con una fina fragancia importada de Turquía. Cuando ya estaba seco, terminó de tomar el contenido de la copa y fue a su vestuario para colocarse una ropa deportiva.

       Al ya estar listo para salir, le preguntó a  Verónica si quería quedarse en el Templo, o si quería irse a su casa. Ella decidió irse a su hogar. Se montaron en uno de los lujosos rústicos de Iván. Verónica vivía en la Sabanita, a la altura de la estación de bomberos, y cerca de allí, Iván tenía su oficina, o mejor dicho, sus oficinas, ya que todo el amplio edificio de tres  pisos le pertenecía en su totalidad.

—Cuídate linda,  discúlpame por lo de esta noche. No sé qué me pasó—dijo Iván al estacionar la camioneta frente a la casa de Verónica, después se inclinó ligeramente hacia la rubia, y le dio un beso en la boca carente de pasión.
        
       En quince minutos Patricia estaría en su oficina; eran casi las doce de la noche. Iván estacionó la camioneta frente al edificio. Se bajó y a su encuentro salieron dos oficiales de seguridad armados con escopetas de cañones cortos. En  la acera más próxima al edificio estaban dos hombres que rayaban en la indigencia, ambos estaban consumiendo piedra (crack) y habían alcanzado un estado de alucinaciones. Iván dejó algunos billetes a los pies de estos hombres que terminaron de extasiarse por la cantidad de dinero recibido.

        Al instante un vehículo se detuvo, eran tres delincuentes armados con pistolas 9 mm.

— ¿Todo bien jefe?—preguntó uno de los delincuentes que iba de copiloto.
—Sí todo no está bien, lo ponemos bien.
— ¡Así es patrón!—exclamó el copiloto, enseñando su gran arma.

        Luego el carro siguió su camino, jamás pondrían un dedo sobre Iván, ya que este pagaba por protección a un hombre apodado El Venado, una pequeña persona de estatura y afro descendiente al que todos temían en todo la Sabanita y quien recibía vacunas (pagos por protección) de todos los grandes y medianos negocios de la zona, en especial de las empresas de mi amigo.

       Iván, de manera muy cordial, mantenía una pequeña conversación con sus oficiales de seguridad mientras esperaba por su secretaria.

— ¿Comieron muchachos?—preguntó Iván.
—Sí jefe, pero quedamos fallos, usted sabe, la vaina está un poco jodida.
—La vaina siempre va a estar jodida, si tú crees que está jodida, José—contestó Iván.
—Jefe, pero…
—Pero nada, Cheo. Toma, compra dos hamburguesas  y dos refrescos allí en la calle del hambre.
—Gracias patrón, muchas gracias—dijo Cheo y fue a comprar las hamburguesas y los refrescos; la calle del hambre le quedaba a solo una cuadra del edificio que protegían.
        
       En breve se estacionó el vehículo de Patricia, la muchacha vestía de lo más casual, pero la ropa le quedaba ajustada, en especial en sus caderas. El vigilante que quedó en el edificio, le arrojó “con disimulo”, una mirada lasciva al ella dar la espalda.

—Bueno Iván, estoy aquí. Dime, ¿en qué te puedo servir?—preguntó Patricia y después besó a su jefe en la mejilla.
—Ven, pasemos, te diré adentro. Por cierto, espero no haberte molestado.
—Ya sabes Iván que puedes contar conmigo a cualquier hora.

         Iván y su secretaria entraron al edificio, dirigiéndose a su oficina principal que quedaba en el tercer y último piso. Ambos tomaron asiento en los cómodos muebles de cuero negro de la oficina.

— ¿Te sirvo una copa de vino Iván?
—No, gracias. Sí tú quieres sírvete una para ti.
—Con gusto.

         Patricia se sirvió generosamente una copa de fino vino tinto importado de Francia. Luego se volvió a sentar en uno de los muebles de cuero negro, quedando frente a frente con Iván.

—Bien Patricia, esta mañana he recibido este mensaje de texto por parte del dueño de “Repuestos El Guayanés” (empresa de ventas de autopartes).

         Patricia extendió su brazo para tomar el celular de su jefe y leer el celular, en el cuál se podía leer el siguiente mensaje: “Lo siento señor Iván, pero no estoy interesado en vender mis negocios ni asociarme con usted. Esta empresa fue fundada por mi padre hace cuarenta años, fue su sueño y  no pienso acabar con ello por ninguna cantidad de dinero que me ofrezca, ni en dólares ni en euros”.

         Patricia se quedó algo pensativa, sintió algo de lástima por el señor Méndez, dueño de la empresa antes mencionada.

— ¿Procedemos con el plan de “siete vacas flacas”?—preguntó la joven secretaria, que más que una secretaria, era una administradora.
—Inmediatamente. Quiero que hagas un descuento de 20% en todos nuestros repuestos para carros y motos—ordenó Iván, y al mismo tiempo colocó su pierna derecha encima de su rodilla izquierda, dándole un aire de elegancia y de tranquilidad al mismo tiempo, muy a pesar de la dura decisión que estaba tomando.
—Está bien Iván, será hecho ¿Coloco publicidad al respecto?—preguntó Patricia y al mismo tiempo tomaba de su copa de vino tinto.
—Sí, en todos los medios. Prensa, radio, televisión regional e internet. Y quiero que se reparta volantes por toda La Sabanita sobre nuestras nuevas ofertas. Quiero que cada cliente tenga acceso a tomarse una taza de café en los locales, no quiero vasos desechables para servirlo, quiero que sea en tazas, para que se sientan en sus hogares. La mejor atención para ellos.
—Hecho—contestó Patricia.
— ¿Por cuánto tiempo podemos sostener esta oferta sin generar pérdidas?

         Patricia sacó su mini laptop de su cartera.

—Un momento…a ver, a ver…Ocho meses Iván.
—Bien, mantendremos esta oferta por ocho meses; siempre y cuando quiebre por completo Repuestos El Guayanés, o nos venda toda su empresa, brindándole siempre la oportunidad de asociarse con nosotros.

         Los días de Repuestos El Guayanés estaban contados, perdería en pocas semanas el cuarenta por ciento de sus clientes. Iván no se rendiría hasta acabar con la arrogancia del señor Méndez y todo su poderío económico en toda La Sabanita. Iván solo tenía tres años en Ciudad Bolívar y tenía como objetivo establecer su pequeño reinado económico y religioso en esta antigua y mística ciudad. Los vampiros ya estábamos aquí, Gloria eterna a Zeor.

"...Continuará en los próximos días...no te vayas sin comentar y compartir..."